Aunque la técnica del stop motion es casi tan antigua como el propio cine, Henry Selick, director de Los mundos de Coraline, ha conseguido con este film, darle una vuelta de tuerca más a esta manera tan artesanal de hacer películas de animación.
Henry Selick, a pesar de ser el director de Pesadilla antes de Navidad, no tuvo nunca el reconocimiento que Tim Burton, productor de la misma, sí obtuvo con el film. Con Los mundos de Coraline ha conseguido sacarse esa espina y reafirmar su nombre en el mundo del Stop Motion al que lleva dedicándose varias décadas.
Los mundos de Coraline es una adaptación realizada por el propio Selick de un relato de Neil Gaiman ,conocido escritor de ciencia ficción y novelas gráficas, entre las que destaca su gran éxito Sandman.
En este delicioso y oscuro film, no apto para los más pequeños, Selick combina de una manera muy especial el 3D y la animación tradicional.
UN PROCESO ARTESANAL
Cada escenario, personaje y detalles de los mismos está modelado a mano por artesanos, hasta el punto de que cada textura tiene el más mínimo detalle, a pesar de ser miniaturas difíciles de manejar a mano. Por ejemplo la casa fue construida por unos 70 carpinteros, la ropa de los personajes tejida a mano con un hilo de apenas el grosor de un cabello humano, el vapor de agua fue simulado con una combinación de algodón y laca para el pelo, para simular los árboles en flor se usaron 250.000 palomitas de maiz pintadas a mano, el pelo de Coraline fue implantado con especial cudado fibra a fibra y a mano… y así innumerables, técnicas artesanales para dar vida a esta historia.
EL 3D COMO APOYO AL ARTESANO
Pero una de las técnicas más sorprendentes fue usada por Selick en este film para la animación facial y gestual de los personajes. El director quería conseguir una mayor fluidez en los gestos de los personajes y para ello se decantó por la técnica ya usada en Pesadilla antes de Navidad, consistente en modelar cada expresión en piezas individuales, que al intercambiarse progresivamente daban lugar a expresiones faciales cambiantes y animadas. Pero en este caso Selick quiso ir más allá y conseguir una fluidez aún mayor, lo cual hubiera supuesto miles de modelos hechos a mano por escultores durante varios años. Semejante tarea, que se hubiera salido ampliamente del presupuesto, se simplificó recurriendo a técnicas de 3D.
Para ello usó un grupo de modeladores 3D que recreó por ordenador todas y cada una de esas innumerables expresiones faciales, y en vez de ser esculpidas a mano fueron “impresas” con impresoras 3D, mediante una técnica denominada RP (rapid prototyping), que usa una resina líquida que seca a base de rayos UV y modela a base de finas capas. De esta manera se obtuvieron los “sets” de animación facial que luego cada animador iba combinando para crear cada expresión e interpretación facial de los personajes.
Además, cada rostro se modeló en 2 partes, una para la zona superior de la cara (ojos, cejas, frente) y otra para la inferior (nariz, boca), de tal manera que la unión entre la dos piezas tuvo que se borrada en postproducción en todas las escenas. Además cada una de las piezas debía ser coloreada a mano, destacando el trabajo de pintar cada una de las pecas del personaje de Coraline en cada uno de los modelos.
Los animadores 3D, no sólo se dedicaban a modelar los “sets” de rostros, sino que además proveían a los animadores de Stop Motion con un listado de la secuencia de “sets” que debían usar en cada escena. De esta manera los animadores tradicionales podían dedicar más tiempo a los detalles de animación corporal y otros detalles, quedando en parte liberados del proceso de animación facial.
TÉCNICAS DE GRABACIÓN Y POSTPRODUCCIÓN
No sólo se usaron técnicas 3D en la elaboración del film, sino que además está rodado con técnica estereoscópica para ser reproducido en salas habilitadas para proyecciones en 3D. En concreto se rodó con 2 cámaras RedLake, cámaras industriales de alta velocidad usadas para el estudio de impactos en la industria automovilística y aeronaútica.
La postproducción del film consistión principalmente en el borrado de todos los elementos sobrantes como los cables, armazones y “rigs” que se usaron para sostener las marionetas, así como el borrado de las uniones de la parte superior e inferior del rostro de los personajes.
Además efectos atmosféricos como llamas de velas, fuego y humo fueron necesariamente añadidos en postproducción.
También fue preciso estabilizar algunas tomas debido a los movimientos involuntarios que podían producirse en la misma toma ya que se ruedan a lo largo de varios días o semanas.
En este vídeo de Adam C. Sager, uno de los técnicos de postproducción que intervino en el film, podeis ver una muestra del tipo de postproducción que requirió la película.
En definitiva, es un película digna de ver, no sólo por el admirable proceso técnico que hay detrás de ella, sino porque además se trata de una historia bien narrada, oscura con muchos niveles de lectura que además va acompañada de una impecable estética. Es de agradecer un poco de artesanía entre tanto proceso digital.